Ventiscas

13.2.06

Mi pesada bola de hierro

Hoy mi vida ha tomado otra dimensión. Hoy puedo planear, hoy puedo soñar, hoy puedo respirar y hoy sé que el día de San Juan disfrutaré como una enana quemando los documentos de esta pena que casi me cuesta algunos sueños (en el sentido más ideal posible). Creo que en todos los momentos de mi vida he tenido algo que me frenaba, que me angustiaba, que me quitaba el sueño y lo peor de todo: que me bloqueaba. Pero hoy ya no. Hoy no pienso buscarme un problema más. Hoy me he deshecho de mi pesada bola de hierro.

Hasta hoy era una presa arrastrando una pesada bola de hierro y que por mucho que intentara caminar, siempre, siempre venía conmigo. Cualquier proyecto, cualquier sueño, cualquier plan estaban condicionados por mi pesada bola de hierro. Algunos podían pensar que ¡fíjate qué tontería!, era tan sencillo como coger un serrucho y cortar por lo sano. Pero para mí no era tan fácil. No es que le hubiera cogido cariño a mi bola... ni muchísimo menos. Tampoco me daba pena. Ni tan siquiera consideraba una tarea complicada deshacerme de ella. Lo que me daba era pereza. Y es que arrastrar mi pesada bola de hierro cada día se hacía más complicado. Pesaba, pesaba y pesaba. Y a mí me hacía cada día más débil en vez de hacerme más fuerte. Supongo que la falta de presos a mi alrededor no ayudaba. Pero al fin soy libre... o casi.

A veces me asusto de cuánto pueden afectarnos (tanto para bien como para mal) las pequeñas cosas, los pequeños problemas del día a día, o como suelo llamarlos, 'nuestras basurillas'. Con perspectiva, y dentro de unos años sé que me reiré de aquella, y para entonces oxidada, pesada bola de hierro. Lo más triste es que también sé que, al deshacerme de ella, le estoy pasando el relevo a alguien que quizá tenga que arrastrarla de por vida. Hola relevo: seas quien seas, ánimo.


* Escuchando 'Heaven's open' - Mike Oldfield